Vie. Nov 27th, 2020

Camila Jiménez Berríos tiene 27 años. Pese a su juventud, su vida no ha sido fácil. Especialmente desde que comenzó a sufrir una serie de dolores corporales cada vez más intensos, que pronto le hicieron más difícil encontrar tranquilidad. Luego de un tiempo, fue diagnosticada de fibromialgia, comenzando el habitual sendero en busca de solución para su mal. “El dolor se mide en una escala según su intensidad. Yo estaba desesperada, ya que frecuentemente sentía que estaba en el máximo, que es 10”, nos cuenta. En definitiva, Camila ya no podía soportar esta forma de vivir. La medicina le ofreció el típico arsenal farmacológico que se indica en estos casos. Así, en breve se encontró consumiendo remedios que, si bien le daban alivio pasajero, pronto mostraron efectos colaterales muy dañinos, con especial acento en deterioro gastrointestinal. Pregabalina y Tramadol eran parte de este cóctel químico, en un padecimiento que parecía no tener fin. Aconsejada por una amiga, y enfocada en mejorar su calidad de vida, a finales de 2018 se decidió a probar con cannabis medicinal, gracias a donaciones solidarias. “Mi familia siempre fue contraria al cannabis. Miramos con sospecha y prejuicio a quienes la consumían”, cuenta. Por eso, el paso no fue fácil en un inicio. Pero luego, venciendo esas resistencias, la necesidad de mejorar fue superior y se decidió a dar el paso. Y el cambio logrado estuvo al nivel de las esperanzas puestas. Desde la primera aplicación sublingual de aceite de cannabis, ella comenzó a sentir mejoría, llegando actualmente a un nivel 3 en la escala de dolor. Esto le permite llevar ahora una existencia normal, retomando sus actividades habituales con un nivel tolerable de sufrimiento. Camila insiste que nunca estuvo en esta situación cuando sólo se trataba con la farmacología habitual. Hoy, mediante aceites y vaporizaciones de la flor del cannabis, Camila está optimista del futuro. El autocultivo, la solidaridad y, sobre todo, la posibilidad de elegir un camino complementario en la búsqueda de la sanación, son el mensaje que Camila quiere compartir. Por todo eso, ella también está convencida de la necesidad de que se apruebe a la brevedad la Ley Cultivo Seguro, para que miles de pacientes como ella, puedan cultivar en paz la planta que les sana, amparados por una receta médica, con la guía y el acompañamiento de profesionales de la salud y terapeutas, apoyándose en la experiencia, el rigor científico y la libertad terapéutica de cada persona.

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