Lun. Oct 26th, 2020

Rodrigo Silva tiene 45 años y sufre de cefaleas desde la adolescencia. “Comenzó de manera progresiva, pero intensificándose en términos de dolor, hasta convertirse en una dolencia bien invalidante”. En los últimos años, el dolor fue tan intenso que dificultaba su estudio y su trabajo. “Vivía con un dolor que mermaba mi proactividad. Tú puedes dar un 100% pero el dolor de cabeza te lo impide, porque piensas en el dolor y das un 50%”. “Lo otro que viene acompañado del dolor de cabeza es estar constantemente con miedo. Estás haciendo algo y estás pensando «aquí viene de nuevo, aquí viene». Te preparas antes, tomas remedios antes para que no te venga el dolor”. Rodrigo tomaba migranol, migratán y paracetamol en dosis muy altas. Después de años de consumo de analgésicos, desarrolló una hipertensión. “Son remedios que finalmente tienen más cosas en contra que a favor. Uno puede hacer la relación de que funcionan como una droga, te puedes hacer dependiente”. A pesar de estar tomando muchos medicamentos, el dolor seguía con la misma intensidad, afectando su calidad de vida más allá de las molestias físicas. “Los dolores te pasan la cuenta en la familia. Tu quieres jugar con tu hijo y el dolor de cabeza te lo impide. En la vida profesional tu no puedes enfermarte, es un gran aliciente para que puedan sacarte de una empresa, entonces el dolor no es solo el dolor, es un problema familiar, social y laboral” Comentándole su situación a un amigo de la infancia, le recomendaron asistir a Fundación Daya, ya que el hermano de su amigo había tenido muy buenos resultados para sus migrañas. En paralelo a la atención, Rodrigo buscó información sobre el cannabis. “Me enteré de que existían varios productos de solo CBD. La primera experiencia fue de mucha paz y sueño, que me alejó del dolor. Al darme cuenta de que una simple cápsula me podía mitigar el dolor, relajarme y hacerme dormir, fue amor a primera vista” Para Rodrigo es importante destacar la atención y orientación que recibió en la Fundación. “La acogida que te dan es gratificante porque saben que los problemas que están atendiendo son graves para las personas”. El efecto sinérgico del THC y CBD le ha bajado considerablemente el dolor e incluso, le ha permitido ir bajando la dosis de los analgésicos. “Me ha hecho súper bien. Antes no podía disfrutar de los buenos momento, no podía jugar con mi cabro chico. Eso ha cambiado absolutamente. Es como que me hubieran puesto algo milagroso” “Cambia un poco el paradigma de lo que uno entiende como medicina. Aquí eres parte activa de tu sanación, eres partícipe de tu mejoría”. Su familia lo ha acompañado y apoyado durante todo el proceso. Al ver lo bien que le ha hecho el tratamiento con cannabis, tanto su esposa como su papá serán pacientes de la Fundación. “Ya no siento un dolor invalidante, no me tengo que echar en la cama ni tomar el batallón de analgésicos. Antes mi hijo me pedía jugar y no podía porque me dolía la cabeza. Me daba mucha tristeza no poder estar con el cuándo me lo solicitaba. Ahora no, ahora puedo estar con él. Imagínate la felicidad que eso conlleva”. “Mi recomendación es atreverse a mirar su propia salud desde otra perspectiva, que te involucres en la posibilidad de sanarte. Generalmente uno delega la responsabilidad a un tercero, pero ahora uno, a través de estas medicinas, uno puede hacerse responsable”.  

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