Lun. Ago 15th, 2022

Federico Morel tiene 43 años y es de la región de Los Ríos. Hace tres años fue diagnosticado con esclerosis múltiple primaria y progresiva y su mundo cambió. Como montañista se vio enfrentado a varios cambios, pero el cannabis le devolvió la vida. A continuación, su testimonio. Federico fue diagnosticado con esclerosis múltiple hace tres años. “Soy montañista y caminando por un sendero, a un amigo le llamó la atención lo raro que caminaba. Yo pensé que podía ser una hernia que tuve hace mucho tiempo en la columna y me podía estar molestando de nuevo”, cuenta. Meses después, Federico notó que el problema podía ser más serio. “Un sendero que normalmente me toma 2 horas y media, lo hice en 6 horas. Me tropecé muchas veces en el camino. Llegué arriba super preocupado”. Así llegó a su diagnóstico de esclerosis múltiple. Para el tipo de EM que tiene, que es primaria y progresiva, no hay medicamentos que funcionen. Los síntomas avanzaron rápidamente en dos años. “Sentía adormecimiento de piernas, falta de fuerza. Podía caminar sólo un par de metros y tenía que parar porque me cansaba, me agotaba. Tenía dormida las plantas de los pies, incontinencia urinaria, las tuve todas”, cuenta. Después de conversar con su neurólogo y entender sus opciones, Federico le planteó la necesitas de probar con un tratamiento más natural. “Se rio y me dijo que hiciera lo que quisiera. Me aconsejaron que me comprara unas muletas, una silla y acomodara mi casa porque iba a tener problemas para meterme a la ducha”. En internet, Federico encontró información sobre el potencial terapéutico del cannabis. “Me llamó la atención que lo usaran los niños con epilepsia refractaria, si a ellos les funcionaba, yo no tenía nada que perder. La diferencia empezó del día uno. Federico comenzó a cultivar y preparar su propio aceite. “Tengo mis propias plantas, no es nada secreto. Se las muestro a mis hijas porque la planta me volvió a la vida, sin ella, no estaría haciendo lo mismo que ahora”. Hoy sólo toma aceite y todos los síntomas han disminuido casi por completo. “Ya no tengo dormida la planta de los pies, puedo caminar, rara vez pierdo el equilibro, uso zapatos de montaña de nuevo. En dos años y medio de tratamiento, estoy volviendo a lo que era antes. Yo le recomiendo a las personas que no tengan miedo, no hay nada que perder. Uno siente que está todo perdido, pero esto es medicina. Sin esta medicina, volvería a cero”, finaliza.  

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